Para mí, el baloncesto ha sido un modo de vida. Un lugar de encuentro donde crecer, superarme y disfrutar con mis compañeros de equipo. En mi experiencia tanto en España como en Guinea Ecuatorial, he constatado que, en las escuelas de baloncesto, por encima de la cultura, procedencia o nivel económico de los chicos y chicas, prevalecen valores como la libertad, la diversión, el respeto, la honestidad, el compañerismo y la responsabilidad...